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30 de abril de 2010

Infiernos Cibernéticos


Internet es una herramienta maravillosa. Es magia pura. Es la más grande alucinación opiosa de más de un intelectual en buen viaje de cualquier siglo en cualquier lugar. Todo comunicólogo hippie (todo comunicólogo tiene algo de hippie aunque se vista se sedas y Zaras) si lo piensa encuentra en la web un universo por descubrir que es creación y disfrute simultáneo de millones de usuarios en todo el mundo. McLuhan tenía razón; vivimos en dos universos, uno de los cuales es una divertida y nutritiva Aldea Global.

En los albores del wired que coincidieron con los albores de mi vida social y romántica (albores, ojo, no era tan precoz tampoco) mi entrada al Internet diose cuando entré por vez primera a Latin Chat a compartir risitas nerviosas con mis amigas en turno. Latin Chat (para todos aquellos jovenes nacidos después de Internet) era una página dividida en intereses para latinos que se dividían en chat rooms reconocibles por sus colores. Sin duda el rosa (creo que era el rosa) y el negro eran los máximos morbos de nuestras púberes mentes, pues correspondían a "gay/bisexual" y "busco sexo" respectivamente.

Algúna vez entramos, apenas alguien dijo "hola" y tetísimas como fuimos en nuestro máximo esplendor, salimos corriendo (o clickeando, pues) en ataque de histeria y lágrimas de risa.

Pasada la novedad, llegó ICQ, el pre messenger, Gtalk y todas esas mierdas. Sonaba oh-oh cuando otros te hablaban y se convirtió en la novedad porque ya no tenías que estar al teléfono para tener conversaciones privadas, había la posibilidad de ponerse uno su nickname (más interesante que tus iniciales cuando abriste tu primera cuenta de correo electrónico) y los infantiles coqueteos empezaban a darse. Sin embargo, era todo aquello bastante inocente, no sería hasta la llegada de msn, Hi5 y demás que empezaría el desastre...

Toda mi secundaria estuve bastante hooked, pero cuando entré a la prepa las cosas cambiaron. Con eso de que TODO lo que hacía sentía era visto como re fresa y yo me juraba la reencarnación de Ernesto Guevara, renuncié un poquito al chateo (todos mis contactos eran fresas del Olinca anyway) y me dediqué a leer intensidades y escuchar el disquito de Beth Gibbons y todas las recomendaciones de mis coolísimos amigos, irme de chelas a Coyoacán y pintarme el pelo verde. Usaba Internet para la bendita piratería musical cortesía de Napster y todas las imitaciones del mismo que vendrían con el tiempo. Pero nada más.

Eso hasta que llegué a la universidad. Y la banda tenía Hi5. Y era posible espiar a todo el mundo, porque literal, en cuestión de meses TODOS tenían perfil con fotos y descripciones de dónde estudiaban o trabajaban, vivían, con quién andaban, si tenían amiguitos chidos o no, con cuáles coincides tú (la frase el mundo es un pañuelo perdió su significado por completo) y básicamente el día a día de todos tus conocidos, crushes, pareja, amigos y némesis.

El Apocalipsis había llegado.

1. Me abrí un blog. Del cual esperaba mucho fanáticos que nunca llegaron. Más bien me hice conciente de que a mucha gente le caigo re mal por los muchos comentarios mala leche que dañaron mi autoestima y me ardieron pa' siempre (¿cómo golpeas a un anónimo?) además de que tuve que restringirme cada vez más porque esta casita se convirtió en una extensión de mi persona. Y las personas se comportan en sociedad y no lastiman egos de quienes los quieren. Y como no vaya a ser que te duela algo que escriba mejor no lo hago. Entonces le he desarrollado un amor odio a este espacio porque siento que no soy honesta. Y cuando lo soy me caga re leerme porque creo que soy re lame y de hueva y me voy a morir sola con mis gatos.

Conclusión: Los blogs son una maldición, porque además de todo, no quieres cerrarlos nunca. Y hacen que conozcas a tus crushes, enemigos, amigos etc. mejor y es medio vergonzoso que lo haces por su blog. ¿Ven? honestidades a medias.

2. Llegó Facebook. Y con el una serie interminable de malviajes. Porque descubres que tu peor enemigo es amiguísimo de alguien con quien te llevas que podría ofrecerte una chamba, entonces vives en constante terror de que el enemigo le diga lo que piense de ti y entonces evidentemente tu contacto le va a creer y tú te vas a quedar sin trabajo para siempre y morirte sola con tus gatos.

-O bien resulta que tu significant other conoce a un montón de personas a las cuales les parece sumamente atractiv@, entonces le dejan un montón de pendejadas en su profile (que además tienen mala ortografía) y tú te vuelves loca porque piensas que en cualquier momento te pueden bajar al significant other. O resulta que el significant other sí tiene una doble vida cibernética de contacto (por FB, mail, msn, you name it) de coqueteos con uno o varios de aquellos que viste u otros que ni siquiera conoces. Pero al final ni está haciendo nada y seguramente tu también caíste en ese juego alguna vez porque total no significa nada y te sube el ego. Tons' todo acaba en un juego interminable de celos en los que nadie puede reclamarse nada, pero lo haces de todas maneras.

-Lo mismo pasa cuando cortas con un significant other. Y entonces empiezas a espiarlo sin control alguno. Y cuando lo haces te duele la panza muchísimo y sufres a tal grado que no puedes pensar en nada más, en todo el día. Te obsesionas con saber más y más. El gran mal del Internet es que es un exceso de información. Y todos los excesos son malos. Malísimos. Pero eso no te importa cuando espías a todos los amigos del (la) ex, te sabes todo lo que hizo el fin de semana, descubres que le gusta alguien o que ha bajado de peso, etc, etc, etc. Todos sabemos que la felicidad de un ex (cuando estás en proceso de recuperación) es el mayor dolor que se puede sentir. Y más si va de la mano de un nuevo amor. Entonces el proceso de desapego no te toma los seis meses comprensibles y tradicionales, puede extenderse hasta el infinito. O hasta que te mueras sola con tus gatos.

-Y tu caes en el mismo juego. Publicas un status que sabes que le va a dar en la madre. Y subes una foto de un random que puede parecer tu ligue para que el otro enloquezca. Se convierte aquello en un give and take de venganzas que destruyen. La opción, piensas, es borrarlo de tu perfil, no entrar a su blog, no seguirlo en twitter. Bullshit. No vas a dejar de hacerlo y si lo (la) borras de Facebook te vas a volver más loc@ por la falta de información (es como el síndrome de abstinencia, pues).

3. Twitter. Ni hablar. Apenas medio empieza, pero es una regresión a high school. Cuando vez que tu archienemigo, tu ex, tu mejor amigo o quien sea duplica tus followers, aunque sea un poquito, te arde. Y el timeline es un concurso de simpatía, de carisma. Todos compiten por decir lo más entretenido, listillo, diferente, profundo, etc. (que, qué bueno, suficiente es aguantarse letras de Sabina y "oie komo sts bb!") pero es innegable que caemos en un pedo de competencia y stress sin paralelos. Además de que nos duele la panza cada vez que alguien está en un plan más chido que tú, (como yo que estoy encerrada en casa mientras leo tweets de borrachos y vacacionistas) le va mejor de chamba o alguna otra cosa que te deprima. O bien cuando pierdes followers y te preguntas ¿ahora qué hice? y checas tu timeline para darte cuenta que eres bien desagradable.

Si, seguro el argumento es que yo soy una freak sin autoestima que además es una intensa inculta que no piensa más que en necedades (insult me now, anónimos de mierda) pero quien no haya pasado por alguno de estos estados y odie el Internet a la par de que lo ama, responde únicamente a tres opciones:

1. (si otro conteo en mi post eterno) es un iluminado de la estabilidad emocional y seguro tiene un chingo de followers.
2. Es un enfermo mental sin emociones.
3. Tiene un iq de menos dos y no sabe usar ninguna plataforma más que para escribir: oie komo sts bb!
4. No tiene Internet.
Ya pues.
Se acabó el ultra rant.

Un beso de los de siempre.
Bye.
P.S. La imágen es de Lain. Una belleza de serie. Es animación japonesa, pero tengo buen gusto en televisión y seguro ni la han visto. A los críticos: callen, nacos.

25 de febrero de 2008

Y que la Seductra cuenta un cuento...Parte I.

In-a-gadda-da-vida, honey,
Don't you know that I love you?

Su padre venía de un historial familiar amplio y famoso. Todos los hombres Aubert eran estafadores de renombre y el hijo mayor de la última generación no era la excepción. Proveniente del remoto Valle de Barcelonette -debido al status de forajido de su padre- el joven Jacques huyó en un barco de boinas con dirección a América, buscando aventuras y mucha pasta. Dados los vientos y la mala suerte el hijo de Don Salvador (nombre probablemente falso) terminó del otro lado de la costa en un camión de mojados. Asustado, Jacques despertó en el vehiculo al terminar su viaje en absinta-proporcionado por un presunto Armin- y en medio de maldiciones y ruegos en francés, lo acabaron tirando en medio del camino.

La polvareda rojiza parecía interminable, pero el intrépido primogénito decidió inspirarse en una cinta sin filmar. A la Paris-Texas caminó sin destino con la esperanza de encontrar la tierra prometida del dinero y la comida rápida (debió ser más específico con Dios, América as in USA nada de irse más pa’ abajo).

Finalmente una noche después de muchas llegó a un desolado pueblo bicicletero. A lo lejos vislumbró una serie de luces de colores y letras grandes de neón. De pronto, escuchó una voz que cambiaría su vida: “Vamos al Noa Noa Noa, Noa, Noa, Noa, Noa, Noa”. Aterrado pero aliviado de al fin encontrar gente (aunque fuera gentuza), Jacques fue corriendo al bar malamuertoso en busca de ayuda y reestablecimiento.

Desde que lo vio entrar con sus rizos medio rubios y sus ojos caídos y castaños JuanGa supo que su deber era ayudarle. Después de pedirle una cuota rechazada por el extranjero, el hijo pródigo de Ciudad Juárez le tendió la mano con alojamiento y comida gratuita. Jacques aceptó al la vez que maquinaba un plan a gran escala.

Un día de chillouteo en el Noa, Noa, Jacques le cambió al radio- durante el pre-show de JuanGa- y escuchó a “Los Bitles”. Políglota de concepción, el joven Aubert reconoció inmediatamente la pronunciación verdadera y se obsesionó con la banda. Pronto consiguió Abbey Road y notó el extraordinario parecido que tenía con George Harrison. A la par que trabajaba de burrito maker, se hizo de unos cuantos pesos, mismos que invirtió directito en unos jeans y camisa a juego acompañados de unas botas de construcción amarillas.

Gracias a su talento genético de estafador y actor shakesperiano, Jacques pronto se mimetizó en su héroe, encontrando un vehículo fantástico en su búsqueda de fama y fortuna del otro lado. Así, el falso Harrison iba y venía de California, se paseaba por los vestigios de comunas hippies San Franciscanas, recibía regalos y ovaciones de mujeres opiosas y vivía gratis cual starlet angelina.

La vida era fácil, muy fácil y hedonista. Hasta que sus dotes de parranda causaron
más revuelo del convenido. El mismísimo Harrison se enteró de su doble californiano, lo que le provocó un ataque de pánico seguido por una persecución con intenciones de demanda.

La memoria histórica -o instinto heredado de rufianes- le sirvió al falso tercer bitle, que huyó disfrazado de retache al desierto de las muertas (antes de que hubiera cementerio de chicas de maquila). Pero el pueblete simplemente no le divertía. Recorría las calles con nuevo look de abogado en ciernes (porque a los abogados se les quiere en el norte) muy a su disgusto, pensando en la manera de escaparse.
Jacques circa 1969

De nuevo le vino una revelación. Gracias a sus aficiones varias –porque para ser un embaucador de pedigree hay que saber de todo- Jacques aprendió a jugar al básquet, a leer en español asuntos de interés político, estudiar leyes y lo más importante, entrar al cine gratis.

Gracias a sus coqueteos con Lucía, la inocente cajera de la sala de proyecciones de Avenida Juárez, Jacques pasaba sin costo alguno después de cantar la de “Picture yourself on a boat on a river…” y la haina caía rendida con descuento incluido. Gracias a las aventuras de Don Vito, el futuro licenciado hizo contacto con el Dr. Leary (brother de los tiempos de falso Harrison) y le hizo una oferta imposible de rechazar. El ingrediente secreto de la iluminación del “médico” sirvió como clave del nuevo proyectito del joven Aubert.

Jacques incorporó los ácidos de la felicidad a una receta de strudel de pera de su madre. La inocente rubia ahora estaba en otras dimensiones, tranquila al menos de haberle enseñado algo al hijo que le había sido de ayuda. Con la bendición de ultratumba de la madre, Jacques se puso a hacer pie ácido llevándole viajes sin transporte a miles de chicos al sur de la frontera. El estudiante de leyes era también pastelero. Uno de día y el otro de noche, cada uno con facha distintiva, inequívoco y sin igual. El estafador del Barcelonette tenía de nuevo una doble identidad, que le estaba trayendo mucho dinero y gran popularidad. Se ganó el respeto de la comunidad y al saludar decía: “Bésale la mano al Padrino”.

Pero de nuevo la justicia de la suerte mala perseguía a nuestro héroe. La policía local se enteró pronto del extranjero sin papeles, parecido al doble del cantante “ese de hace unos años” que ahora vendía pasteles con droga y extorsionaba a los socios del Noa, Noa. Con ganas de una tajada del mafioso, el Sheriff de juguete buscaba por todos lados a Jacques, mismo que se preparaba para huir una vez más.

Con pintita de buen estudiante del norte, llegó Jacques a vivir a un “depa” en Coyoacán, comer en comidas corridas y andar en camiones. Con todo y mucho dinero, el estafador-cada vez más experimentado- pretendía una vida sencilla mientras ensayaba el acento de chico listo junto con ojitos inocentes. El combo funcionó y pronto Jacques era “Luis” el valiente y de noche, el Don Corleone del merengue.

Así, el pastelero forajido de la justicia norteña pasaba los días por la Ciudad de la Esperanza (todavía la Ciudad de México), con costumbres de truhán mala persona. El hombre que lo había visto todo bajo diferentes sombreros empezaba a aburrirse. Tanto andar pretendiendo personajes lo llevaban a hacer cosas sumamente tediosas.

Uno de sus hábitos impuestos era ir a caminar al parque. Llevarse un libro de derecho o algo medio Kafkiano, platicar con quien se acercara y recibir sonrisas de viejitas, palmadas de compadres y risitas nerviosas de pubertas. Ese día no tenía muchas ganas, pero la perfección requiere trabajo, y aunque fuera un coñazo el “Licenciado” levantó las asentaderas y se dirigió al parquecito de siempre.

Pero esta visita no sería como el resto. Camino a su banquito blanco de siempre, Jacques escuchó una voz que lo hizo girarse y buscarla.

Sentada en sus cuclillas, una hermosa chica de cabello negro y grandes ojos color agua sucia platicaba elocuente con una Jacaranda. La bella Maria daba todo un discurso alrededor de la importancia de los crucigramas del domingo. Muy decidida, convencía a las flores moradas que llenar cuadritos con letras, era un mecanismo de salud mental para los ciudadanos del mundo.

Jacques se quedó sin habla. Recordó que traía consigo una rebanada de su nueva creación, pastel de fresas con sorpresa. Sin saber que hacer se acercó a la misteriosa chica. El le ofreció el pastel a lo que ella respondió: “¿De qué es?”, ante la respuesta dijo: “Bueno, me lo como pero tengo que avisarle”. Sin más, Maria dio un discurso fantástico sobre lo deliciosas que son las fresas y lo bien que hace comerlas, le pidió disculpas a aquellas contenidas en el hojaldre y le dio una gran mordida…


In-a-gadda-da-vida, baby,
Dont you know that Ill always be true?

“Cher op monky feis”- Luis

To be continued